26 may. 2012

El dr. Brüning: ¿Héroe o villano?


Un hombre culto, conservador y piadoso.
Aunque este blog está dedicado a temas económicos y sociales y no es nuestra intención hacer biografías, creo que es conveniente dedicar un espacio a la figura de Heinrich Brüning por su importante papel durante los años de la Gran Depresión en Alemania. Y es que sus políticas fueron determinantes para los acontecimientos que ocurrieron en aquel país y que terminaron de forma tan dramática. El personaje en cuestión aún despierta grandes pasiones en Alemania donde es recordado a la vez como el último defensor de la República de Weimar o como su verdugo.

Brüning nació en 1885 en una familia católica de Münster, una ciudad del noroeste de Alemania. Su padre, que era fabricante de vinagre y comerciante de vinos, murió cuando él solo tenía un año. Tres de sus hermanos murieron antes de llegar a la adolescencia, pero su hermano mayor Hermann sobrevivió y llegó a ejercer de sacerdote. Se dice que este hermano siempre ejerció una gran influencia en Heinrich. También una hermana mayor llamada Maria sobrevivió y cuidó a la madre mientras los hermanos estudiaban y desarrollaban sus carreras[1]. Después de graduarse en el Gymnasium Paulinum de Münster, a partir de 1904 empezó a estudiar derecho en la universidad Ludwig-Maximilians de Múnic. Pero después de un solo semestre se marchó a estudiar historia, filosofía y economía a la universidad de Estrasburgo, que en aquella época pertenecía al Reich alemán. Allí el estudio de la historia de Alemania y de su proceso de unificación le convencieron de la bondad del II Reich y le inculcaron una gran devoción por la figura de Bismarck[2], al que veía como la figura que había conseguido superar las ancestrales divisiones entre los alemanes y formar una patria para ellos. Se licencia y en 1911 pasa los exámenes para trabajar como profesor universitario. De 1911 a 1913 amplía sus estudios en Inglaterra lo que le reporta una buena comprensión del inglés. Cuando empieza la Gran Guerra Brüning está trabajando en una universidad de Bonn, dónde se doctora en 1915 con una tesis sobre la nacionalización de los ferrocarriles ingleses llevada a cabo por el gobierno británico. Una vez terminados sus estudios se alista voluntariamente en el ejército alemán. En el que sirve con distinción en la infantería y además de ascender a Kompanieführer (líder de compañía, más o menos el grado de capitán) es condecorado con la prestigiosa Cruz de Hierro de 1ª clase.

Cuando termina la guerra, horrorizado ante la posibilidad de revolución soviética que se vivió en Alemania, empieza a participar en política en las filas del partido Zentrum, el partido por excelencia de los católicos alemanes. Allí entrará en contacto con Adam Stegerwald que era un miembro del Zentrum de tendencias reformistas y uno de los líderes de los sindicatos cristianos, los cuáles ofrecían una alternativa a los sindicatos de tendencias socialistas o comunistas. Stegerwald se convertirá en el mentor de Brüning quién pasará a trabajar en la dirección de estos sindicatos. Ésto le llevará a vivir intensamente la resistencia de los trabajadores alemanes a la ocupación francesa del Ruhr a principios de 1923, y según afirma el historiador William L. Patch, será en este momento, al ver la resistencia obrera a la invasión, que Brüning empezará a aceptar la República de Weimar como modelo de estado que da más cohesión social que la antigua monarquía. Afirma Patch que Brüning asoció las reformas que introducía la nueva república con las reformas sociales que se habían hecho en Prusia después de la derrota ante Napoleón en 1806 para cohesionar al estado y poder así expulsar al invasor[3].

Ocupación del Ruhr en 1923. El sentimiento antifrancés se intensificó en Alemania después de esto.


A partir de 1924 es elegido diputado del Reichstag por Breslau y en 1929 llega a dirigir el grupo del Zentrum en aquella cámara. En su papel de parlamentario se distinguirá por su oposición a los gastos públicos y a los aumentos de sueldos a los funcionarios, y por ser partidario de reducir los impuestos.

En 1930, después de la caída del gobierno del socialista Müller, su condición de líder del Zentrum así como su reputación como experto en economía llevarán a Hindenburg a pedirle que asuma el cargo de canciller, además también parece que su condición de héroe de guerra acabó de convencer al viejo mariscal. A partir de aquí su papel en la historia de alemania será siempre polémico.

Der Hungerkanzler (el canciller del hambre).
Que Brüning empezó a gobernar en una situación de extrema gravedad era una cosa que a casi nadie se le escapaba. No solo la crisis económica empeoraba rápidamente sino que además su gobierno debía dirigir el país estando en minoría en el Reichstag. Pero de la forma que lo hizo creo que poco se puede defender. Sus decisiones en materia económica parece ser que respondieron a su limitada visión de la realidad y a unos obsoletos apriorismos. Claro está que la ortodoxia económica recomendaba aquellas acciones pero también es verdad que otros líderes del momento supieron rectificar y él no. En un plano más político se aisló en el Reichstag y rechazó cualquier posibilidad de negociar las decisiones gubernamentales con el SPD, que era el primer partido de la nación.

Para empezar su política económica estuvo marcada por el miedo a la inflación y a los peligros de los déficits públicos. Sus soluciones fueron el aumento de impuestos y la reducción de salarios de los funcionarios. Además rechazó cualquier plan de obras públicas que pudiese dar trabajo a los parados. En ésto fue curiosamente coherente durante todo su mandato y su creencia que la deflación de precios y salarios llevaría a la recuperación económica parece que se mantuvo firme. Al fin y al cabo esto era lo que las teorías económicas ortodoxas de la época aseguraban. En cambio, algunos de sus colaboradores afirmaron que había intenciones más maquiavélicas en sus decisiones. Por ejemplo, el ministro Treviranus afirmó que Brüning pretendía utilizar la crisis para convencer a los aliados de que Alemania no podía pagar las reparaciones de guerra. Es decir que Brüning no quería solucionar la crisis hasta haber conseguido este objetivo, y una vez hecho esto empezar los planes de obras públicas[4]. Si esto fuera cierto su cinismo y su insensibilidad por el sufrimiento del pueblo lo convertirían en una figura monstruosa. Pero muchos otros discrepan, como por ejemplo el socialista W. S. Woytinsky, un contemporáneo de Brüning, que afirmó que la creencia de Brüning en la bondad de la austeridad era sincera y derivada de su filosofía general de laissez faire laissez passé[5]. A favor de Brüning podemos decir que la gran mayoría de los economistas de la época no pensaban que la crisis se pudiese solucionar mediante el gasto público. De hecho prestigiosos economistas como Joseph Schumpeter de Harvard recomendaron no hacer nada y lo justificaron con la idea que la crisis estaba purgando los excesos del pasado. Una vez éstos hubiesen sido eliminados entonces la economía se recuperaría por si sola. Intentar hacer algo desde el estado solo podía alargar el proceso de curación.

Taquígrafa buscando CUALQUIER trabajo en 1930. Foto proveniente del ministerio alemán del trabajo (Bundesministerium für Arbeit)

Cuando Brüning no fue coherente sus políticas no fueron mejores. Por ejemplo en 1930 se doblegó ante los intereses de los grandes terratenientes y permitió que se aprobaran medidas proteccionistas para la agricultura. Ésto impidió que los precios de los alimentos bajasen y encareció el coste de la vida en un momento de gran miseria en las ciudades. El mismo resultado podría haberse conseguido mediante la aprobación de subvenciones a la agricultura, pero esto habría entrado en conflicto con su obsesión por reducir el déficit público. Éstas medidas draconianas hicieron que Heinrich Brüning fuera apodado Der Hungerkanzler por la izquierda. También se hizo famoso el dicho Brüning verordnet Not que jugaba con el doble sentido de la palabra Not (necesidad o miseria) y con el mecanismo de los Notverordnungs que tanto usaba Brüning. Es decir, según la izquierda, Brüning estaba decretando la miseria. Y seguramente no les faltaba razón ya que sus decisiones cargaban todo el peso de la crisis en los más humildes.

Parados haciendo cola para obtener comida de una asociación de caridad, Frankfurt 1931. Bundesministerium für Arbeit.
Su tozudez le impidió rectificar sus políticas cuando éstas ya se estaban desacreditando totalmente y rechazó las propuestas de enmienda que se le hicieron (ya en agosto de 1931 un memorándum del ministerio de Economía proponía crear un plan de obras públicas). En cambio otros políticos de la época como Franklin Roosevelt fueron admirablemente mucho más flexibles.

Después de perder el poder en Mayo de 1932, se convirtió en un acérrimo enemigo de los nazis y se opuso con vehemencia a la ley que dio plenos poderes a Hitler en 1933. Éstos con su savoir faire característico planearon su asesinato para la famosa Noche de los Cuchillos Largos de 1934 pero se vieron frustrados cuando Brüning se les anticipó huyendo del país hacia los Estados Unidos[6]. Desde allí continuó atacando a los nazis y advirtiendo de lo peligrosos que eran y en 1939 fue aceptado como profesor de ciencias políticas en Harvard. De 1951 a 1955 volvió a Alemania para dar clases en la Universidad de Colonia, pero después regresó a los EEUU. Murió allí en 1970. Después de su muerte se publicaron sus memorias en las que intentaba justificar sus decisiones y reivindicar su labor de gobierno. Pero su reputación más bién empeoró puesto que en ellas se manipulaba al pasado para ajustarlo a los razonamientos del autor y ésto se hacía con bastante descaro. Parece que Brüning intentó durante todo el resto de su vida sacarse de encima la responsabilidad de la llegada de los nazis al poder. Él tan solo había aplicado las únicas políticas posibles debido a la difícil situación de Alemania. Había sido el padre severo que tiene que aderezar el hijo con duras medidas, y según él había estado a punto de conseguirlo. Desgraciadamente el hijo terminó juntándose con malas compañías que le prometían algo más.

Parados haciendo cola para acceder a la oficina del servicio de trabajo alemán, Hannover 1932. En el fondo se lee -Votad a Hitler-. Bundesministerium für Arbeit.
Contaba John Kenneth Galbraith en su libro El dinero, que cuando se encontró con él en Harvard y le preguntó si se sentía responsable del triunfo nazi, aquél lo negó rotundamente. Cuando Galbraith insistió en ello y le recordó los millones de parados que sus políticas habían creado, Brüning se lo sacó de encima diciéndole si la palabra de un canciller del Reich no era suficiente para él. Así era Brüning, tozudo hasta el final.
 

[1] William L. Patch Jr, Heinrich Brüning and the dissolution of the Weimar Republic, Cambridge University Press, 1998
[2] Ibidem.
[3] Ibidem.
[4] Charles P. Kindleberger, La crisis económica 1929-1939, Ed. Crítica, 1985
[5] Ibidem.
[6] http://www.dhm.de/lemo/html/biografien/BrueningHeinrich/index.html

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